Revolucionistas- texto
comparto texto que escribí para el catálogo de Revolucionistas + invito a que vayan a verla. Las fotitos son de algunas de mis cosas expuestas en la muestras + una de la noche de inauguración cenando luego con Nadia porque si:
La chica del palo. Obsesiones, o cruces de destinos.
1979. En zona sur, en el barrio donde vivimos lejos del Barrio Martin que se nos había asignado por cuna, pido para reyes el disfraz de la Mujer Maravilla. El disfraz viene en una cajita endeble con cartón troquelado y celofán y era todo de cartón endeble pintado: el cinturón, las muñequeras, la diana y el lazo, bueno el lazo no era de cartón, era de cuerda pintada dorada. En pre-escolar le pedí a mi mamá que “me corten el pelo como un varón” y en otro carnaval me disfrazo de mosca, pero ahora también me gustan la Mujer Maravilla y la Mujer Biónica que miro por la tarde.
1969. Les jóvenes corren para dejar al viejo mundo atrás* y prenden fuegos en las ciudades desde el año anterior. En Rosario cuentan que la gente de los edificios tiran diarios, papeles, lo que encuentran para colaborar con el fuego. La foto de Carlos Saldi publicada en la revista Boom es maravillosa. A todes nos gusta esa foto. En esa cobertura de la pueblada que la revista llamó “La batalla de Rosario”, la tapa llevó no una foto si no un dibujo*, una tapa negra, una figura tendida en blanco, y un manchón rojo que es sangre. Una tapa tremenda y en el interior hay otras fotos de Saldi igualmente de maravillosas, pero esta tiene minifalda, lentes anchos, piernas que corren, cartera, abrigo, un palo que atraviesa diagonalmente indicando la dirección, un pelo largo esplendoroso, una escuela donde enseñan a peinar, y el fuego que no se ve pero se siente.
2009. Leo en el diario que estrenan un documental sobre los Rosariazos y que el director comenta que le dijeron que aparece en él un “muchacho desaparecido: Eduardo Garat”. voy. Es mi papá: corre, da la vuelta a la esquina del 2do cuerpo del ejército (hoy Museo de la Memoria) casi sonríe a la cámara, empuja suavemente a una chica en pollera, otras piernas corren. Ese año hacen una muestra en el Museo de la Ciudad sobre los Rosariazos, y veo: el original de la Boom, otro video de mi papá arengando en la puerta de la facultad de Derecho, un diario que cubre el velorio de Bello ¿o el de Blanco? y también se lo ve a mi papá en la foto en el cementerio y otro diario que comentan sobre el discurso que él da en la Facultad. De eso no pude obtener copias, debo volver a rastrearlas. Un amigo hace un sténcil a tamaño real con ella en muchas paredes.
Tapiz, cartera, pin, pañuelo, boina, parche, remera, bordada, y ahora en mi brazo derecho: tatuada. La chica del palo, es mi mujer maravilla, biónica punk. También es la que corría el mismo día que mi papá. Ella corre con la ropa que tenía puesta en el momento de correr. Quiere prender fuego. Es la fuerza pero también la posibilidad de lo colectivo: ese fuego no era el único que había en la ciudad, ese fuego no se hizo con un solo palo. Es infinita, a pesar de su moda, y somos todas las que queremos correr y prender fuego a algo, las de todos los tiempos mientras haya un viejo mundo que siga dando qué dejar atrás.
*el dibujo es de Roberto Fontanarrosa
* “Cours, camarade, le vieux monde est derrière toi.» Pintada mayo francés ‘68
